Alcalá se rinde ante el pregón de los hermanos Benítez Ceballos: una oda de fe, raíces y el milagro de la vida
Un canto al amor a la virgen del Rocío.

La Hermandad del Rocío de Alcalá de Guadaíra ha vivido una de las páginas más brillantes y conmovedoras de su historia. Por primera vez, el atril del pregón no ha sido ocupado por una voz, sino por dos: las de los hermanos Mario y Javier Benítez Ceballos, quienes han trenzado un discurso donde la devoción rociera se fundió con el latido más puro de Alcalá.
Dos hermanos, un solo corazón rociero
La expectación era máxima. Nunca antes dos hermanos habían compartido la responsabilidad de anunciar la llegada de Pentecostés en la ciudad, pero Mario y Javier demostraron que su vínculo va más allá de la sangre; es una sincronía de fe. Desde el inicio, los pregoneros dejaron claro que su amor por la Blanca Paloma es una herencia genética, citando con orgullo la vinculación de su padre y su abuelo con las tradiciones de nuestra tierra.
Aunque su historia con la Hermandad se remonta a los inicios, con una participación activa en el coro desde su fundación, el pregón alcanzó su cénit emocional al narrar el momento en que el Rocío dejó de ser una tradición para convertirse en un salvavidas.
El «Milagro de Andrés»: El trasplante que lo cambió todo
El silencio se hizo absoluto en el teatro cuando los hermanos abordaron el capítulo más difícil y, a la vez, más esperanzador de sus vidas: el trasplante de Andrés, hijo de uno de ellos.
Relataron cómo la familia se encomendó a la Virgen del Rocío en busca de fuerza, y cómo el éxito de la intervención se convirtió en un testimonio vivo de fe. Ese episodio marcó un antes y un después, estrechando un lazo indestructible con la Hermandad que hoy se ha manifestado en cada palabra de su alocución. El pregón no fue solo una pieza oratoria, sino una acción de gracias pública por la salud y la vida.
Alcalá en las venas
Más allá de la fe mariana, los Benítez Ceballos realizaron un recorrido exquisito por las tradiciones de Alcalá de Guadaíra. Con la sensibilidad de quienes conocen cada rincón de su pueblo, reivindicaron su vinculación con las hermandades locales y el respeto a las raíces que conforman la identidad alcalareña.
El acto concluyó con una ovación cerrada, lágrimas en los ojos de muchos de los presentes y la sensación de que este pregón de 2026 no solo ha anunciado un camino hacia la aldea, sino que ha recordado que el Rocío, en Alcalá, es familia, es superación y es, por encima de todo, amor.



