Ya hacía bastante tiempo que no veía un golpe bajo en el Ayuntamiento  de Alcalá de Guadaíra, pero una dimisión “ante portam” de pleno, obligando a Isabel la Caótica a usar el voto de calidad a fin de sacar adelante la política local del mes, que quieren que les diga.
Permítanme el neologismo y que haga un nada sutil símil, machista, y lleno de “sororidad” masculina; esto me la ha puesto muy dura.
En España, hay dos tipos de persona, los que dan y los que reciben, los que dan son muy pocos y los que recibimos siempre estamos “a verlas venir”, de vez en cuando resalta alguien de esos pocos que dan, porque sí, por nobleza, por casta, porque son así.
Son personas que tienen ideas, ideales, ganas, y a los que el ego termina por ponerlos en su sitio, en una silla, sentaditos, para que no hagan ruido.
En Alcalá el activismo político y social ya pasó; antes de la “Transición” lo ostentaba el Partido Comunista de España, recogió el testigo el PSOE y murió con Alcalá Nos Importa, y a veces, entre este marasmo de habitantes en el que todos son familia, y la política es una suerte de endogamia inútil, aparece alguien que llama la atención.
Manuel Palomo llamó esa atención, y Manuel Palomo pasó del activismo al ostracismo en un abrir y cerrar de ojos, alguien le dijo un día aquello que le decían a Carmen Maura, “Nena tú vales Mucho”, y Manuel Palomo, recogió el testigo que Gandhi y Winston Churchil llevaran un día, llegó a su casa, con el pecho hinchado haciendo honor a su apellido, e investido de taumaturgia se dispuso a sentarse en el Olimpo de los que hacen cosas por los demás, pero a lo grande, pensando, yo de esta llego al Parlamento de Andalucía, y mañana Presidente del Gobierno.
Una lástima, porque una vez que traspasas las puertas de la política y te das cuenta de que lo que hay, es todo cartón piedra y trampantojo te conviertes en cartón piedra y trampantojo, y al sentarte en tu escaño, incómodo y estrecho, dicho sea de paso, y dedicar el día a decir que sí o que no, según disponga Isabel la Caótica, empiezas a pensar que aquello del Parlamento de Andalucía, queda un poco lejos, casi tan lejos como La Barriada de la Liebre.
Pero hay gente a la que le queda honor, y eso es porque no le hace tanta falta ser un igual entre los únicos, que el sueldo no lo es todo y, que “para este plan no necesito alforjas”, que “qué he hecho yo para merecer esto” y que, antes de convertirte en un Mora cualquiera que ya ni habla, pues te vas para tu casa y “tal día hizo un año y seis media docena”
Agolpados todos estos pensamientos en la mente del señor Palomo, sólo le ha quedado lo de dimitir, no sin antes liar la de “Pepe el Guarro” y dejar, de paso, el pleno en doce contra doce.
Te vas sin saber lo que hubieras podido lograr de quedarte, te vas sin saber si es verdad que Teresa García y Rocío Bastida se echan el mismo tinte y van a la misma peluquería, lo que explicaría muchas cosas, te vas sin saber por qué se mueve tanto en el asiento el señor Mora y sin saber que le han dado para que ya no hable más, te vas dejando atrás el monótono tono aburrido, ausente, y sin estilo de Ángeles Ballesteros en su próxima lectura del NODO.
Te ausentas, sin escuchar el próximo pregón de Semana Santa en forma de oposición, en el próximo pleno de Esaú, te liberas de todo esto y vuelves a tus andanzas, te ausentas sin ver si se ponen de acuerdo Manuel y Roldán y las “cosas del mal querer”, en quién de los dos lleva la cabra al Ayuntamiento, te ausentas sin ver a la mujer invisible de Vox y te vas sin pena ni gloria, y con la extraña sensación de que se han quedado contigo.
Te vas y los dejas con Lidia Ballesteros, otro de esos fichajes extraños, a los que Isabel la Caótica intentará engatusar con un asiento incómodo y unos caramelitos de menta.
Y tu teléfono de concejal dejará de sonar con la tranquilidad de no haber hecho nada de nada, o por lo menos, no haber metido la pata, que en política ya es mucho.
Y yo te lo agradezco, porque me estaba aburriendo.
Fernando Viera