La solidaridad mal entendida.
Hace ya muchos años que aprendí a leer y es curioso porque todavía no se leer bien pero hay cosas que no se me olvidan

La solidaridad mal entendida.
Hace ya muchos años que aprendí a leer, y es curioso porque todavía no se leer bien, pero hay cosas que no se me olvidan.
Yo prendí a leer en el año 2008, no digo comprensión lectora, digo aprender a leer.
Y es que en los dos primeros años de carrera en la Facultad de Derecho, se aprende a leer, los dos siguientes son de comprensión lectora y de exhibición de lo leído, luego están las especializaciones que se podrían hacer perfectamente en el CAT, o Centro Andaluz de Teatro, aunque eso es otra historia.
Yo me quedo con mis dos primeros años, la palabra que más me llamó la atención es “solidaridad”, sobre ello he escrito en multitud de artículos, pero ante lo sucedido en Ceuta me veo en la obligación, como escritor, de hacer hincapié en ella.
Solidaridad viene del latín “solidus”, que es sólido y que referenciamos con el palabrerío jurídico “in solidum”, que es “por entero”, o “to junto”, como diríamos por aquí, hace referencia a la totalidad y, aunque etimológicamente no hace referencia a la soledad, y por si no lo saben, un responsable solidario, lo paga todo, por lo tanto, también hace referencia a la soledad del que paga.
Así pues solidario es el que se hace cargo de todo, que sólo da, y que en el caso de Ceuta, lo que es recibir, recibe poco.
Yo, y esto es muy personal, no soy solidario, ni tolerante, porque ello me pone en una posición de superioridad moral que no me tengo permitido asumir porque no soy más que nadie.
Yo creo en la cooperación y en el comercio pacífico, basado en el respeto y la aceptación recíproca de la Ley entre los pueblos, como única forma de traspasar fronteras, si con ello soy un facha, amén.
La frontera está para eso, en un futuro, que se me antoja lejano, cuando la humanidad entera sea la Utopía de Tomás Moro, y el Trotskismo sea el “padre nuestro”, esto que ha pasado, nos parecerá una anécdota, como la caída del muro de Berlín, o el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.
Mis referentes de niñez y juventud están en Ceuta, si no la han visitado nunca les animo a que vayan alguna vez a ver La Perla del Mediterráneo, podrán comprar paraguas para que los lugareños les llamemos paraguayos, comer “volaroes” y asustar “pavanas”, como hemos hecho todos.
Es bella, pintoresca, moderna, llena de tradiciones, y es una ciudad española desde mucho antes de que existiera Marruecos, incluso antes de que hubiera un trono alauí en 1664. De esto no voy a hablar nada que ya hay bastantes voceros en la televisión.
En Ceuta conviven pacíficamente cuatro religiones, cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes, y seis etnias, moros, cristianos, gitanos, indios, judíos y chinos; y ocurre así desde los tiempos del Generalísimo. Más que nada porque Ceuta, como cualquier lugar fronterizo, está en un lugar privilegiado para hacer negocios.
Hemos sufrido una invasión, de esto no hay duda, es un ataque por parte de Marruecos, y sobre esto, yo, no tengo ninguna duda, y el que se moleste, que se moleste, nuestro gobierno actúa cobardemente, tampoco tengo ninguna duda, y que sabían lo que iba a pasar también.
Porque son los propios caballas quienes lo vienen diciendo desde que tengo uso de razón, desde que le dijeron al rey de Marruecos, “cómprate un desierto y lo barres”, y él dijo, “me compro el Sahara” allá por la Marcha Verde.
En mi opinión se viene barruntando desde que murió el General Silvestre en el desastre de Annual, esperando que el Borbón de turno dejara el desfile, las plumas, las cenas y el baile para centrarse en lo que se cocía en el protectorado.
Aquellas balas y fusiles, destinados a defender las posiciones españolas, acabaron en manos del enemigo, por lo que las balas retornaron a los cuerpos de los soldados españoles, de forma poco sana, pero bastante lucrativa, para vergüenza histórica, léase el Informe Picasso.
Sea como fuere, y viendo que sólo el pueblo salva al pueblo, el próximo día 2 de septiembre en el ayuntamiento, estaré con mi camiseta de la selección española con mi nombre por detrás, por si quieren saludar, y una bandera más grande que yo, diciendo que “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende”.
Si defender tu casa, tu familia, tu trabajo y tus costumbres, es de fachas, pues que así sea.
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