Alcalá tiene ya el equivalente a 2.800 campos de fútbol en plantas fotovoltaicas
Una planta de 200 hectáreas solo genera dos puestos de trabajo de media y el suelo ya queda inservible para el cultivo para toda la vida.
Alcalá tiene ya el equivalente a 2.800 campos de fútbol en plantas fotovoltaicas.
Una planta de 200 hectáreas solo genera dos puestos de trabajo de media y el suelo ya queda inservible para el cultivo para toda la vida.
Lo que en los mapas sigue figurando como el féretro fértil de Los Alcores y la Campiña se ha transformado, a golpe de autorización administrativa, en una inmensa llanura de silicio. Con la reciente luz verde otorgada por el Ministerio para la Transición Ecológica a la planta de baterías BESS GES (39,6 MW), promovida por Gestenia Energía en el parque solar ya existente de 46,2 MW, Alcalá de Guadaíra apuntala su posición en la cima de la producción energética renovable. Pero la factura sobre el territorio empieza a pasar al cobro: más de 2.000 hectáreas de suelo agrícola han sido sepultadas bajo paneles, dinamitando la economía rural tradicional a cambio de un espejismo de empleo.
Un ranking liderado por el hormigón y el cristal
Alcalá de Guadaíra no es un actor cualquiera en este mapa energético; es el indiscutible epicentro fotovoltaico de la provincia de Sevilla y uno de los mayores nodos de Andalucía. Junto a municipios vecinos como Utrera y Carmona, con los que comparte megagranjas solares contiguas, Alcalá se sitúa en el primer puesto de la provincia en potencia instalada y hectáreas transformadas, superando de largo la densidad energética de otras localidades del área metropolitana como Dos Hermanas o La Rinconada.
En el término municipal coexisten hoy los macroproyectos más agresivos de la última década:
Complejo Cabrera Solar (Statkraft): 200 MW extendidos a lo largo de 400 hectáreas de terreno.
Planta Don Rodrigo: 175 MW que engulleron más de 300 hectáreas, vendida como pionera europea a costa del paisaje.
Proyectos Metaway I y II y Bruc Energy (GES, Artemisa): Cientos de hectáreas adicionales sumando más de 280 MW conjunto.
Almacenamiento masivo BESS GES: La última pieza del puzle, que consolida la hibridación con baterías industriales sobre el suelo ya ocupado.
Destrucción de la campiña: un suelo que no volverá a sembrarse
Detrás de las cifras de megavatios se esconde un desastre agronómico silencioso. El modelo fotovoltaico a gran escala está desplazando los cultivos tradicionales de secano y olivar. La instalación de las estructuras metálicas no es inocua: exige un decapado y compactación masiva de la capa fértil de la tierra, la aplicación sistemática de herbicidas para evitar sombras en los módulos y el vallado perimetral de miles de metros continuos que fragmentan los corredores ecológicos.
Los expertos agrónomos y plataformas ecologistas advierten de un daño irreversible: tras 25 o 30 años de explotación industrial bajo paneles, el suelo queda químicamente inerte, privado de materia orgánica y afectado por una erosión severa. No se trata de un «alquiler temporal» de la tierra, sino del fin del uso agrícola de Alcalá para las próximas generaciones.
El mito del empleo: esplendor en la obra, desierto en la gestión
Las promesas de empleo local vertidas por las promotoras durante la fase de tramitación se desvanecen en cuanto la maquinaria pesada abandona el campo. Si bien la fase de construcción requiere cientos de peones y operarios durante apenas un año, la fase operativa de un parque fotovoltaico de 200 hectáreas apenas necesita un par de mantenedores itinerantes y seguridad remota.
Alcalá de Guadaíra ha cambiado hectáreas de labranza que sostenían empleo agrícola estacional continuado, maquinaria local y cooperativas por campos automatizados que se gestionan por ordenador desde sedes corporativas en Madrid o Múnich. Se destruye el tejido socioeconómico rural a cambio de una precariedad laboral estructural.
El paisaje de Alcalá ha dejado de oler a tierra mojada para oler a silicio. Mientras las administraciones celebran el hito de la transición verde, la Campiña se convierte en un gigante parque industrial al aire libre donde la tierra ya no produce alimentos, sino electricidad para exportar.
En la fotografía el complejo Cabrera Solar en Alcalá de Guadaíra
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