Opinión

Okupas en tu casa.

El paraíso del usurpador y la condena del propietario

 

Okupas en tu casa.

 

El paraíso del usurpador y la condena del propietario

Opinión:

España se ha convertido en el mundo al revés. Un país donde la propiedad privada, ese pilar fundamental de cualquier democracia sana, es hoy un concepto relativo, casi opcional, dependiendo de la «habilidad» del delincuente y de la exasperante lentitud de un sistema que parece diseñado para proteger al verdugo y castigar a la víctima.

Lo que se está viviendo en Alcalá de Guadaíra no es un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad nacional social alentada por leyes garantistas que rozan el absurdo. Gracias a la rápida intervención de los vecinos y a la actuación policial, se evitó que una familia perdiera su hogar de forma indefinida. Pero el daño ya está hecho: puertas destrozadas, una casa revuelta, pertenencias robadas y la sensación de que tu intimidad ha sido violada por extraños.

La falacia de la vulnerabilidad

Se nos intenta vender el relato de que la ocupación es un problema de «necesidad habitacional». La realidad es mucho más cínica. En el asalto de Alcalá, los perpetradores traían la cerradura comprada de casa, listos para blindarse en propiedad ajena. Y lo que es más sangrante: mientras alegarán falta de recursos ante cualquier asistente social, tuvieron a bien pasarse por un comercio local para comprar una botella de whisky Johnnie Walker Etiqueta Negra.
Parece que para pisotear el esfuerzo de una familia y celebrar la usurpación sí hay presupuesto. Para el «vicio» sobra, para la decencia falta.

Un sistema que humilla a quien cumple

La indefensión del propietario es absoluta. Bajo el marco legal actual, si no tienes la «suerte» de que la policía actúe en las primeras horas, te enfrentas a un calvario judicial de meses o años. Mientras tanto, el propietario se ve obligado por ley pagarles los suministros, es el colmo del sadismo jurídico. Debes costear la luz y el agua de quien te ha “robado” la casa para evitar una denuncia por «coacciones».
El miedo de tu familia y la pérdida de tus recuerdos no tienen indemnización real, ver cómo se van «de rositas» los usurpadores es algo indignante, conocen los resquicios legales mejor que los abogados. Saben que la justicia es lenta y que, al final del proceso, el castigo será una multa que no pagarán por declararse insolventes.

Jueces y fiscales atados de manos y los legisladores ¿de qué lado están? O solo miran la aritmética de esos votos amnistiados.
La policía hace lo que puede, pero sus trabajo está “capado” por protocolos que parecen redactados por el enemigo. Los jueces y fiscales se ven obligados a aplicar leyes que priorizan el derecho a la patada en la puerta sobre el derecho al fruto del trabajo de toda una vida.
Es hora de decir basta. No es justicia si el delincuente brinda con wiski etiqueta negra en tu salón mientras tú lloras en la puerta esperando una orden judicial. Un país que no protege a sus ciudadanos frente al asalto de sus hogares es un país en decadencia moral. La propiedad no es un privilegio, es un derecho, y es hora de que las leyes dejen de ser la alfombra roja de los caraduras.

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