La cuenta por favor.
Ya estamos en la recta final del mandato, y ahora sí que sí, se viene encima sacar a la calle los carros de combate

La cuenta por favor.
Ya estamos en la recta final del mandato, y ahora sí que sí, se viene encima sacar a la calle los carros de combate, y no solo en sentido estricto, como hemos podido comprobar estos días con tanto vehículo blindado por las calles. Me recordó a las calles de Valencia un 23 de febrero de 1981.
Yo me refiero a la artillería pesada de los partidos políticos. Las encuestas reflejan que no está tan claro que el PSOE pierda la alcaldía, que sí, que sí, que el techo de voto les ha bajado una «mijita», que perderán de uno a tres concejales, que sí, … pero que no.
Vamos a ver, Alcalá tiene, aproximadamente, 60.000 electores, y cada partido político tiene que repartirse una tarta que, por una cosa o por otra, anda ya más que dividida desde que Gutiérrez Limones se convirtió en Willi Fog y le dan premios hasta en Pakistán.
Tengo a los lectores de esta sección por gente con criterio y de tránsito intestinal de frecuencia matinal; es lo que tiene que te lean en el baño por la mañana temprano, cuando tienes la mente abierta y el culo también; por lo tanto, vamos a hacer una pequeña reflexión de 3 minutos de lectura entre empujar y relajar.
Los problemas son los mismos que en mayo de 2016, pero con distinto presupuesto: por aquel entonces, 73 millones; el sueldo de la alcaldesa era el que cobraba en Diputación; digamos que de Alcalá cobró 0 euros y de Diputación, 58.000 euros.
Quiero recordar que un concejal de aquellos años cobraba 47.000 euros el que más y 38.000 el que menos. Para Isabel todo quedó «atado y bien atado», se quedó como estaba, que el sueldo no era el mismo.
A día de hoy, el presupuesto ha crecido una «miaha na má»: 151 millones, más 40 millones de deuda, y hay que sumar las ayudas de los fondos europeos. Tirando «porcima», este Ayuntamiento maneja 200 millones de euros. Más que muchas capitales de provincia, como, por ejemplo, Toledo, 119 millones, o Cáceres, con 90 millones. Dos ciudades que son Patrimonio Mundial de la UNESCO. Alcalá «ni está ni se la espera».
Y la alcaldesa tiene como sueldo de Alcalá 0 euros y de Diputación 75.000, que, con las subidas anuales, se le han quedado en 80.000 euros entre pitos y flautas.
Esto demuestra que Isabel la Caótica es solo caótica para los demás.
Los problemas en Alcalá son los mismos: de vivienda, de inseguridad, de empleo. Para gobernar este sinsentido hace falta también la ayuda, o mejor dicho, la complicidad necesaria de otros concejales de otros grupos políticos.
Y aquí me quiero parar y encender la bola de cristal. Según las encuestas, hay 3 o 4 concejales en el candelero. No importa que no se construya vivienda, no importa la inseguridad ciudadana y no importa el empleo.
Se augura una subida de la derecha y la irrupción de nuevos partidos políticos al olor de la barbacoa. ¿Será que algunos concejales huelen a «quemao»?, ¿será por los incendios?, ¿será por los selfies?
Se vaticinan batacazos. Veremos en este año cómo al señor Rivas le harán un Rosa Carro, o lo que es lo mismo, no lo van a poner en la foto; se enfadará, al final todo quedará en un berrinche y un recuerdo.
De momento, gran inauguración de la calle de la Mina. Se rumorea que, con tantos agujeros, cuando encuentren el tesoro se lo repartirán los comerciantes, pero es solo un rumor. Todo lo que se ha encontrado lo guardan en la bóveda del molino de la mina; esa es la explicación de por qué no se puede entrar.
A los andalucistas solo les queda ser absorbidos por Adelante o refundarse. Espero lo segundo, aunque me temo que será lo primero, aquí habrá sangre.
Al resto de partidos políticos les queda organizarse. Escucharemos los gritos desde las puertas de sus sedes, no hay golosinas para todos, aquí habrán llantos.
La bola de cristal no da para más. Cabrón y asintomático, siempre vuestro,
Fernando Viera
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