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El espejo de Narciso: cuando el andalucismo se reduce a un sillón y a la gloria personal.

De nada vale cambiar el nombre de una formación si el problema sigue dentro.

 

El espejo de Narciso: cuando el andalucismo se reduce a un sillón y a la gloria personal.

 

De nada vale cambiar el nombre de una formación si el problema sigue dentro.

Editorial

Hay una mutación inquietante en la política local que convierte los ideales colectivos en meras plataformas de promoción personal. Basta con echar un vistazo a la última campaña de cartelería y publicidad de Christopher Rivas y si, digo bien de él, no de Axsi ni de los Andalucistas: los partidos desaparecen, las siglas se difuminan y el protagonismo se blinda en torno a un único nombre, se pierde el colectivo, se ensalza al ¿líder? Ya no se habla de proyectos de ciudad, de modelo de municipio ni de convicciones ideológicas; el eslogan se reduce al mesiánico culto al ¿líder? El egocentrismo político ha alcanzado cotas tan sonrojantes que el esmero de algunos ya no busca convencer de unas siglas, sino consagrar el perfil de un personaje. 

Este fenómeno de vanidad superlativa tiene en Alcalá de Guadaíra su máximo exponente con Christopher Rivas. Quien hoy pretende erigirse en la salvación de los barrios, en una suerte de Moisés municipal que baja a preguntar qué le duele a la ciudadanía, que es en realidad, el mismo actor político que ha vaciado de contenido histórico al andalucismo en nuestra tierra, convirtiéndolo en un triste apéndice del socialismo gobernante y que según su propia campaña, no tiene ni idea de lo que pasa o necesitan los barrios y por eso lo pregunta.

Conviene echar la vista atrás y recordar de dónde venimos para medir la magnitud del desastre. Los resultados de su espacio político en las elecciones autonómicas bajo las siglas de Andalucía Por Sí (AxSí) supusieron un estrepitoso fracaso, una travesía por el desierto que pulverizó cualquier expectativa y dejó a la marca bajo mínimos históricos, incapaces de conectar con la sociedad andaluza. Lejos de hacer autocrítica ante semejante batacazo, Rivas optó por la pragmática política de supervivencia, los dos concejales obtenidos en Alcalá son del PSOE, cero autocrítica y un sillón en el gobierno local y un suculento sufragio que supera los 240.000 euros acumulados en el mandato para cada uno.

A cambio de tan generosa contraprestación económica y de mantener el bastón de mando socialista, el papel de Rivas en el ejecutivo local se ha caracterizado por una gestión tan inane como estéril. Como bien denuncian las crónicas de la prensa local y los analistas municipales, da la impresión de que pasa mucho más tiempo haciéndose vídeos, fotitos y campañas de autobombo, invirtiendo decenas de miles de euros públicos en su propia propaganda de cara a la galería, que a disimular que los fondos que nos cuesta se destinan al día a día de una gestión municipal que hace aguas. Su agenda política parece limitarse al lucimiento personal, los saraos y los conciertos, convirtiendo su concejalía en una agencia de festejos particular mientras la ciudad acumula carencias crónicas.

Los ejemplos de su incapacidad para gestionar con rigor son de bulto y salpican la actualidad de los diarios digitales de Alcalá. Ahí queda el sonoro varapalo con el pliego del Hotel Oromana, cuya licitación tuvo que ser suspendida y tumbada por los órganos competentes tras los recursos contra unos pliegos llenos de chapuzas e incompetencia política, o las continuas contradicciones y polémicas en torno a las plantas fotovoltaicas y la planificación municipal. Errores de bulto y fallos de gestión constantes que, como señalan habitualmente las críticas de la oposición en los medios locales, demuestran que si el PSOE no lo protegiera por pura conveniencia mutua para mantener el sillón, este ejecutivo ya lo habría liquidado políticamente.

Hoy, Christopher Rivas actúa de facto como el fiel ejecutor de la demolición del verdadero andalucismo en Alcalá. Ya no queda rastro de aquella doctrina que defendía los intereses de los alcalareños por encima de vasallajes partidistas; ahora solo hay una marioneta útil al servicio de los socialistas, dispuesta a tragar con todo a cambio de una nómina y de perpetuarse en el cargo.

Aquellos vecinos que de buena fe confiaron en su día en una alternativa andalucista propia, fresca y valiente, miran hoy con decepción cómo su voto se ha utilizado como moneda de cambio para financiar ambiciones personales, platós particulares y fiestas de oropel. El espejo en el que se mira Rivas refleja a un político entregado a su propio ego, pero la cruda realidad de Alcalá refleja a un gestor fallido que le está costando muy caro a la dignidad y al futuro de nuestra ciudad.

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