Crónica de un destrozo anunciado, luces feas de cojones, vandalismo y previsión cero
Hay cosas en esta vida que se ven venir

Crónica de un destrozo anunciado, luces feas de cojones, vandalismo y previsión cero
Hay cosas en esta vida que se ven venir. Lo de que rompían las luces del parque (sacadas de una casa vanguardista y colocadas en el camino hacia la casa del guarda), no ha pillado por sorpresa ni al lumbreras que se le ocurrió la ideíta. Bastó con que pasara un tiempo y zasca a las luces de suelo que sí que son feas, que no pegan, pero hombre, como para romperlas… Ese tramo entre la Pasarela de San Juan y la Casa del Guarda lo han dejado feo de cojones, una mamarrachería fuera de contexto que no pega ni con cola ahí. Lo que se oía y pensaba el 95% de los alcalareños que pasaban por allí era claro: “Esto dura así y aquí dos telediarios”, y lo peor es que el otro 5% pensaba cómo hacerlo. Dicho y hecho, los vándalos, que de tontos no tienen un pelo (a diferencia de quienes planifican estas obras), han cumplido con su triste rutina.
Empecemos por los vándalos, faltaría más. Esa caterva de incívicos sin respeto al patrimonio de todos que parece que se alimenta de romper lo ajeno. Son el cáncer de nuestro entorno natural y la ciudad, indudablemente. Pero ojo, que la medalla de plata se la lleva de calle la gestión municipal, esa que actúa con la rapidez de un caracol con reuma.
La Delegación de Monumento Natural, Medio Ambiente y Sostenibilidad, con la andalucista María Luisa Campos al frente, ha vuelto a llegar tarde a la cita. ¡Sorpresa! Ahora a pedir informes a la Policía Local, promesas de reposición y de repente, se iluminan bombillas mentales pensando en cámaras de videovigilancia y drones policiales. ¡Drones, cámaras… faltan los pastores alemanes!Las herramientas de control se anuncian a toro pasado; pura reacción de parche y tuit.
Claro que, puestos a mirar detalles, a más de uno le extraña el papel de los ecologistas. Esos colectivos que suelen poner el grito en el cielo por una rama mal cortada, pero que para calzarle focos de noche a un monumento natural, alterando el descanso de la fauna y el paisaje de Oromana, guardan un silencio sepulcral. Todo encaja un poco mejor cuando se recuerda que la propia delegada, la señora Campos, viene de esos mismos movimientos; y ya se sabe eso de entre calé y calé… subvención por aquí y caprichito por allá, el negociado de la ecología oficial marcha sobre ruedas.
Pero el verdadero problema de nuestro entorno y patrimonio natural no son cuatro luces antiestéticas que han durado menos que un caramelo en la puerta de un colegio. El verdadero problema es que nuestro pulmón verde se cae a pedazos entre incendios recurrentes, vertidos tóxicos e industriales, chabolismo, acampadas ilegales, okupaciones de cuevas y botellonas de fin de semana que dejan nuestros campos y parque como vertederos. Una gestión de pena que la alcaldesa se traga con paciencia franciscana… o más bien por puro pánico a perder el sillón. Menos mal que nos queda el sarcasmo, porque entre tanta lámpara fea de cojones y tanto apagón político, nos siguen dejando a oscuras, sucios y con cara de tontos.
Que mal gusto, que poca cabeza, que nula previsión y que pena de que a unos y a otros nunca paguen sus trastos rotos.
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