NADIE DEBERÍA MORIR POR SUBIR A UN TREN
Hay noticias que uno escucha, lee o ve en televisión que le indignan. Y hay otras que, además de indignarte, se te quedan dentro durante días porque no consigues encontrar una explicación que te ayude a entender.

NADIE DEBERÍA MORIR POR SUBIR A UN TREN
Hay noticias que uno escucha, lee o ve en televisión que le indignan. Y hay otras que, además de indignarte, se te quedan dentro durante días porque no consigues encontrar una explicación que te ayude a entender.
Lo de Urda es una de ellas.
Sesenta y nueve personas han muerto después de hacer algo tan normal como comprar un billete, subir a un tren, sentarse y esperar llegar a su destino. Nada más. No estaban haciendo nada peligroso, no estaban asumiendo ningún riesgo extraordinario, no sabian a que iban a enfrentarse a una posible muerte. Simplemente habían confiado en un sistema de transporte que todos damos por seguro cada vez que cerramos una maleta, buscamos nuestro asiento y esperamos llegar a casa, al trabajo o donde quiera que vayamos.
No sabían, como ahora nosotros, que viajar en Alta Velocidad en el trayecto Madrd-Sevilla-Madrid es literalmente JUGAR A LA RULETA RUSA !!!
Entre esas víctimas estaba nuestro vecino Iván, 42 años, padre, un Alcalreño de por y recién convertido en padre.
Por más que lo pienso, más difícil me resulta aceptar determinadas explicaciones.
Iván no hizo nada.
No cometió ninguna imprudencia.
No tomó ninguna decisión equivocada.
Solo subió a un tren.
Y murió.
Nadie debería perder la vida por subir a un tren.
NADIE !!!
A partir de ahí comienzan siempre las explicaciones técnicas. Que si el sistema de señalización, que si el centro de control, que si un protocolo no se aplicó correctamente, que si una comunicación, que si un error humano. Y seguramente la investigación terminará aclarando con detalle todo lo que ocurrió aquella mañana.
Pero mientras esperamos esas conclusiones hay cosas que ya conocemos y que, como mínimo, obligan a hacer preguntas.
La línea seguía utilizando un sistema LZB,obsoleto, instalado en 1992. Han pasado 34 años por Dios !!!.
Y no estamos hablando de cualquier aparato. Hablamos de un sistema directamente relacionado con la seguridad de trenes que circulan a gran velocidad y transportan cientos de personas.
Lo más grave es que su sustitución no era una ocurrencia reciente ni una petición aparecida después del accidente.
Ya estaba prevista.
En 2021 Adif adjudicó a Thales España un contrato de casi 94 millones de euros para modernizar las instalaciones de seguridad de la línea Madrid-Sevilla e implantar el sistema ERTMS. El plazo previsto era de 52 meses.
Es decir, aquello tenía que estar terminado a comienzos de 2026.
Estamos en noviembre de 2026.
Y el sistema seguía sin estar plenamente operativo.
Por eso yo necesito hacer preguntas.
No acusaciones gratuitas.
Preguntas.
Qué se hizo con esa inversión ???
Cuánto se ha ejecutado ???
Cuánto se ha pagado ???
Qué partes del contrato estaban terminadas y cuáles no ???
Por qué no se cumplió el plazo ???
Quién supervisó ese retraso ???
Quién entendió que podía seguir funcionando la línea en esas condiciones ???
Y, dicho de una manera mucho más sencilla:
Dónde están los dineros ???
No estoy diciendo que alguien haya robado nada, porque eso habría que demostrarlo y yo no tengo ningún dato que permita afirmarlo.
Estoy diciendo algo bastante más elemental.
Si una Administración adjudica casi 94 millones de euros para modernizar un sistema de seguridad y cinco años después aquello no está terminado, los ciudadanos tenemos derecho a saber exactamente qué ha ocurrido.
Euro por euro.
Plazo por plazo.
Decisión por decisión.
Porque no estamos hablando de una obra decorativa ni de algo que pueda esperar unos meses más sin consecuencias.
Estamos hablando de seguridad.
Y estamos hablando de vidas.
También me preocupa mucho que todo termine resumido en dos palabras:
“Fallo humano”.
Claro que puede haber habido un fallo humano.
Los seres humanos nos equivocamos.
Precisamente por eso existen los sistemas de seguridad, los controles, las redundancias, los procedimientos y los protocolos.
La seguridad no puede descansar únicamente en que una persona, en un momento determinado, no se equivoque jamás.
Si un error de una persona puede terminar provocando una catástrofe de esta magnitud, entonces deberíamos preguntarnos también qué falló alrededor de esa persona.
Qué sistema no detuvo el error.
Qué control no funcionó.
Qué protocolo no se aplicó.
Qué actualización no llegó.
Qué decisión previa permitió que una equivocación humana llegara tan lejos.
Porque cuando hablamos de “fallo humano” parece que casi siempre miramos hacia abajo.
Al trabajador.
Al operador.
Al maquinista.
Al técnico.
Y yo creo que también hay que mirar hacia arriba.
También son decisiones humanas las que se toman en un despacho.
También es humano retrasar una inversión.
También lo es no exigir el cumplimiento de un contrato.
También lo es permitir que una modernización prevista durante años siga sin terminar.
Y también es humano decidir que un sistema puede seguir funcionando un poco más.
Por eso, cuando alguien diga que todo se debió a un fallo humano, yo quiero saber de qué ser humano estamos hablando.
Del que estaba delante de una pantalla aquella mañana ???
Del que no aplicó correctamente un protocolo ???
O también de quienes durante años tuvieron responsabilidades sobre una infraestructura que debía haber sido modernizada ???
Porque quizá el error humano no comienza el día del accidente.
Quizá empezó mucho antes.
Con retrasos.
Con decisiones aplazadas.
Con contratos que no se ejecutaron a tiempo.
Con controles insuficientes.
Con responsables que vieron cómo pasaban los meses sin que aquello estuviera terminado.
Y ahí es donde entra la responsabilidad política.
No sé quién terminará teniendo responsabilidad penal. Eso tendrán que decidirlo los jueces.
Tampoco conozco todavía las conclusiones definitivas de la investigación técnica.
Pero la responsabilidad política no empieza cuando un juez dicta sentencia.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando alguien tiene la obligación de gestionar bien aquello que está bajo su responsabilidad.
Y por eso yo no quiero que después de esta tragedia todo termine con un par de ceses menores, un informe técnico y unas cuantas declaraciones.
Quiero saber qué pasó.
Quiero saber por qué un sistema cuya renovación estaba contratada seguía sin estar terminado.
Quiero saber qué pasó con esos casi 94 millones.
Quiero saber quién sabía que existían retrasos.
Quiero saber qué decisiones se tomaron.
Quiero saber qué garantías existían mientras el sistema nuevo no estaba operativo.
Y, sobre todo, quiero saber qué se va a hacer para que esto no vuelva a ocurrir.
Porque aquí no debería existir izquierda ni derecha.
Si esto hubiera ocurrido con otro Gobierno yo tendría que hacer exactamente las mismas preguntas.
O al menos eso espero de mí mismo.
Cuando hay personas muertas, las siglas deberían pasar a un segundo plano.
Primero están las víctimas.
Después las responsabilidades.
Y después las soluciones.
No al revés.
A veces tengo la sensación de que hemos terminado acostumbrándonos demasiado a que las Administraciones expliquen los retrasos como si fueran algo inevitable.
Un proyecto se retrasa.
Una obra no termina.
Un contrato se modifica.
Una modernización se aplaza.
Y todo continúa.
Pero detrás de algunos retrasos no hay solamente expedientes.
Hay riesgos.
Y detrás de los riesgos hay personas.
Aquella mañana había decenas de personas dentro de esos trenes.
Había padres, madres, hijos, amigos, compañeros.
Había un hombre de 42 años que acababa de ser padre y que simplemente esperaba llegar a su destino.
Y no llegó.
Eso es lo que no deberíamos olvidar cuando empecemos a escuchar explicaciones demasiado técnicas o demasiado cómodas.
Porque los datos importan.
Los informes importan.
Los protocolos importan.
Los contratos importan.
Pero detrás de todos ellos hay personas.
Y cuando esas personas mueren, alguien tiene que explicar qué falló y por qué.
No basta con señalar al último eslabón de la cadena.
No basta con decir “fallo humano” y pasar página.
También hay que mirar a quienes tenían la responsabilidad de que el sistema estuviera actualizado.
A quienes tenían el dinero.
A quienes tenían los contratos.
A quienes tenían que supervisarlos.
A quienes sabían que había retrasos.
Y a quienes decidieron que se podía seguir funcionando así.
Porque quizá lo más inhumano no sea cometer un error.
Todos podemos equivocarnos.
Lo verdaderamente inhumano sería conocer durante años que algo esencial necesita modernizarse, disponer del dinero para hacerlo, tenerlo contratado y permitir que el tiempo siga pasando como si no ocurriera nada.
Iván ya no puede pedir explicaciones.
Su familia sí.
Y todos nosotros también.
Dónde están los dineros ???
Dónde están las responsabilidades ???
Y quién va a garantizar que mañana podamos subir a un tren y volver a casa ???
Porque nadie debería morir simplemente por subir a un tren.
José Luís Roldán
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