Opinión

Enshitification

Cuando te das cuenta de que todo es una mierda, ya es demasiado tarde para cambiar y no puedes dejar de usarlo porque te saldría más caro el collar que el perro; es decir, cambiar de empresa, partido político, smartwatch o compañía de teléfonos.

 

La «enshitification» o «mierdificación» en castellano es un concepto acuñado por el escritor y activista canadiense Cory Doctorow para referirse a todo aquello que empieza funcionando muy bien, con calidad, que te atrae, que lo usas, que te mola, hasta que poco a poco se va convirtiendo en un «truño» que ya no beneficia al usuario, sino al que lo inventó.

 

Cuando te das cuenta de que todo es una mierda, ya es demasiado tarde para cambiar y no puedes dejar de usarlo porque te saldría más caro el collar que el perro; es decir, cambiar de empresa, partido político, smartwatch o compañía de teléfonos.

Voy a poner un ejemplo que todo el mundo entienda. Los muebles de IKEA. Ejemplo concreto: la mesilla MALM de 49,99 euros que venden desde que abrieron en España no está hecha del mismo material que la que vendían antes; es mucho peor, pero tienes que comprarla porque, si no, descuadras los muebles de tu casa. Estás condenado a IKEA aunque quieras ir a Mercamueble.
Ejemplo: la sanidad. A los políticos de antes les decías: «Oiga, la sanidad es una mierda», y el político se acercaba a ti, te daba la mano y te decía:

¿Cómo se llama usted? Pues mire, Fernando, estamos haciendo grandes esfuerzos por reestructurar la sanidad. De hecho, y esto se lo digo a usted en confianza, se ha incrementado el presupuesto en servicios públicos en un 35 %.

Seguramente el dato se lo había sacado del sobaco, pero te lo decían con una seguridad que pensabas: «¡Coño!».

Luego no pasaba nada. A los días se le sucedían las semanas y a las semanas los años, y todo iba a peor, pero no puedes dejar de ir al médico aunque te atiendan a patadas.

A los de ahora no se les puede decir nada; enseguida se molestan. Que te gastas 54.000 euros en tu campaña política disfrazándolo de conciertos y festivales, no te van a decir: «Está usted equivocado, Fernando; se trata de una manifestación sociocultural y poliédrica donde cabe hasta usted». Pues no, como sabe, no te contesta.

Pero se lo gasta.

Más ejemplos: las huelgas, el último refugio de los trabajadores. Cada vez ganamos menos, cada vez suben más los precios. ¿Alguien ha dicho algo del combustible? No. ¿Dónde están los camioneros? ¿Dónde los agricultores? ¿Dónde los pescadores? ¿Dónde ha estado usted, dónde he estado yo?

Antes las cosas estaban más claras: las huelgas generales eran contra las políticas del Gobierno, punto. Y la explicación se hacía sola; ahora nadie sabe explicar nada.

Pero se hace.

La seguridad ciudadana en Alcalá: no hay una noche tranquila en la que no roben en una tienda, estrellen un coche o lo quemen, que no haya un incendio. Antes pasaba, sí, pero mucho menos. Y no es solo una impresión: según los datos del Ministerio del Interior, la criminalidad convencional aumentó un 6,8 % en Alcalá durante 2025.

Y la guinda, la vivienda. Miren, yo estoy dándole al corazoncito y al dedito para arriba cada vez que veo a la alcaldesa con el casco puesto; a mí es que me llena de ternura, es la Barbie Obrera. Dan ganas de regalarle un casco en vez de un bolso de Vuitton y de echarle por Reyes un Lego City.

Ya se ha gastado 13,5 millones de euros en una empresa pública para la gestión de vivienda que no hay, y 14.000 euros en publicidad en el Correo de Andalucía por unas fotos hechas con inteligencia artificial de unas viviendas que no existen. Por no hablar de los proyectos que no se hacen, y a los que inyectan dinero sin mirar.

Sea como sea, yo la intención la aplaudo. Fíjense con lo poco que me conformo, porque con la vivienda tienen que venir servicios y con los servicios, trabajo y estabilidad. Y eso será gobierne quien gobierne.

Y vamos al final, el último ejemplo de mierdificación. Dicen las lenguas de oro que el señor Mora va a pasar de ser Ken Banderolas a ir en las listas al Senado por el PSOE de Sevilla. La intención está clara: sustituir a Antonio Gutiérrez Limones, al que le quedan un par de años para jubilarse.

Y para este que les escribe, este es el ejemplo más claro de degradación en la calidad política y de que el PSOE ya no es lo que era.

 

 

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Fernando Viera

Si no fuera yo, sería el que pone agua en el Congreso de los Diputados. Escribo porque si no, reviento, y una vez estuve en un gimnasio. Creo que en invierno hace frío y en verano calor, soy un negacionista.

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