Nos prometieron ciudades con techo y nos dieron videollamadas
En 1900, una chocolatera alemana imaginó la vida del año 2000. Un siglo después, casi todos seguimos pisando el suelo. Eso sí: podemos discutir por vídeo con alguien situado a doce mil kilómetros.

Nos prometieron ciudades con techo y nos dieron videollamadas
En 1900, una chocolatera alemana imaginó la vida del año 2000. Un siglo después, casi todos seguimos pisando el suelo. Eso sí: podemos discutir por vídeo con alguien situado a doce mil kilómetros.
En torno a 1900, la empresa alemana Hildebrands distribuyó una colección de ilustraciones sobre las maravillas que nos aguardaban en el año 2000. Eran visiones espléndidas: ciudades enteras bajo techo, máquinas para decidir si llueve, señores volando a la oficina y edificios con vocación ferroviaria. Había una fe conmovedora en el progreso, sobre todo si el progreso funcionaba a vapor, llevaba ruedas y exigía un buen bigote.
El balance es bastante cruel. No es que no hayamos progresado: lo hemos hecho de una manera que a aquellos dibujantes probablemente les habría parecido poco seria. En lugar de trasladar casas enteras sobre raíles, enviamos fotografías, dinero, insultos, óperas y declaraciones de amor a la velocidad de la luz. Analicemos juntos los nueve inventos que acompañan este artículo: qué prometían, qué llegó y cuánto de la fantasía quedó aparcado en el garaje de la historia.
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Máquinas voladoras personales. |
POSTAL 01 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS El vuelo individual: despegar sin facturar La postal propone que el ciudadano medio cruce el cielo con unas alas de saldo, una hélice detrás y una confianza en la gravedad absolutamente temeraria. Hoy existen mochilas propulsoras y prototipos de vuelo personal. También existen los precios, las baterías, el ruido, la normativa aérea y la molesta costumbre del cuerpo humano de lesionarse al caer. Resultado: seguimos yendo al trabajo en coche, metro o autobús. En Alcalá seguimos yendo a Sevilla en la CASAL y tardando el mismo tiempo que tardábamos en 1.920. En cuanto al Tren…desapareció en 1.975 |
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Aceras o plataformas móviles para peatones. |
POSTAL 02 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS La acera móvil: la predicción que llegó con retraso cero Se prometía que caminar acabaría siendo una afición minoritaria. Aquí hay que reconocer un acierto, aunque con truco: ya en 1900 funcionaba una acera móvil en la Exposición Universal de París. O sea, que vendieron como futuro algo que se podía probar aquel mismo año. Sus descendientes viven en aeropuertos y grandes intercambiadores, donde transportan personas agotadas que, paradójicamente, suelen caminar sobre ellas para llegar antes. El progreso, tan generoso, nos ha ahorrado diez minutos de pasos para que podamos perder cuarenta mirando el móvil. |
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Bloques de edificios transportados sobre raíles. |
POSTAL 03 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS La mudanza definitiva: si no te gusta el barrio, mueve el edificio La propuesta es formidable: trasladar un inmueble completo como quien cambia un sofá de sitio. No es físicamente disparatada; la ingeniería sí ha movido edificios enteros, y algunos ejemplos son célebres. Tal y como están las cosas, hemos pasado de pedir llegar a tiempo cuando tomamos un tren, a simplemente pedir llegar. |
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Una enorme máquina expulsa el mal tiempo. |
POSTAL 04 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS La máquina del buen tiempo: el gran fracaso del mando a distancia Una locomotora de aspecto intimidante parece ocuparse de fabricar sol y espantar la lluvia. Es quizá la ilusión más comprensible de la colección: el ser humano lleva milenios protestando del tiempo y jamás ha considerado que el clima tenga derecho a réplica. Finalmente conseguimos cambiar el tiempo, ahora estamos en mangas cortas hoy 02 de noviembre, y el próximo verano llegaremos a los 50º C a la sombra, aunque en Alcalá no hay sombra, debido a la absoluta complejidad técnica de poner unos toldos. Quizás para el año 3.000 |
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Una función teatral transmitida a otra estancia. |
POSTAL 05 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS El teatro a distancia: aquí sí sonó la campana La escena muestra una representación que llega a espectadores situados lejos del escenario. Aquí los chocolateros estuvieron finos: televisión, retransmisiones en directo, videollamadas y plataformas digitales han convertido la presencia física en una opción, no en una obligación. Podemos ver ópera desde el sofá, asistir a una reunión desde otra ciudad o contemplar en tiempo real a un señor que explica cómo hacer tortilla. Hildebrands imaginó un teatro remoto; nosotros añadimos el pequeño perfeccionamiento de poder hablar con el actor, interrumpirlo y decirle que tiene el micrófono apagado. |
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Una ciudad protegida por una gran cubierta. |
POSTAL 06 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS La ciudad con paraguas: urbanismo para quienes odian mojarse Toda una ciudad bajo un techo transparente: ni chaparrones, ni viento, ni recogerse el pelo después de salir de casa. Se construyen invernaderos gigantes, recintos comerciales cubiertos y estadios retráctiles; ciudades completas encapsuladas, no. El urbanista de 1900 soñó con poner una tapa a la ciudad. En Alcalá seguimos soñando con los Toldos, lo de la cúpula de cristal, me da un poco miedo, miedo a que alguien lea este artículo y tenga la genial idea de incluirlo en su programa electoral |
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Vigilancia mediante una máquina de visión especial. |
POSTAL 07 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS Las Cámaras de video – vigilancia. En esta estampa un agente observa a unos sospechosos a través de una cámara de video – vigilancia. Recuerdo llevar una moción para garantizar la seguridad en las calles, aunque reconozco que es algo controvertida: tenemos el derecho a la intimidad y también, por lo visto, el derecho a quemar algunos coches los fines de semana en Alcalá, dos derechos que colisionan…el debate sigue abierto. |
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Dirigibles y globos de uso personal. |
POSTAL 08 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS El dirigible particular: estacionar en una nube Hay algo encantador en imaginar a la familia paseando en su propio dirigible, elegantemente vestida y sin la menor preocupación por los vientos. Los dirigibles existían ya, así que la apuesta consistía en democratizarlos. No ocurrió. Entre los límites prácticos, la seguridad, el espacio de maniobra y los costes, el globo personal no terminó sustituyendo al utilitario. Quizás haya que replanteárselo debido a la escasez de aparcamiento, no se si el Ayuntamiento también subvencionaría el carné de conductor – globero, si finalmente se implantara seré sin duda el primer cliente de la Globo-Escuela. |
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Híbrido entre embarcación y locomotora. |
POSTAL 09 / AÑO 2000, SEGÚN HILDEBRANDS El barco-tren: cuando no sabes si necesitas billete o chaleco Un barco capaz de navegar y después seguir sobre vías. La idea tiene ese encanto de la navaja suiza que también pretende ser una lavadora: hacer muchas cosas con elegancia discutible. Han existido soluciones anfibias, transbordadores ferroviarios y transportes mixtos, pero no un sistema universal de buques que salen del agua y se incorporan a la línea de cercanías. Quizás la solución sea un barquito Sevilla – Córdoba, la última vez que cogí el AVE tardamos 4 horas en llegar, en burro hubiésemos llegado mucho antes. |
El futuro no se movió: se conectó
La gran victoria cotidiana ha sido la transmisión de información. La postal del teatro remoto anticipaba la transformación decisiva: ya no es necesario trasladar el espectáculo para que llegue al público, ni viajar siempre para estar en una conversación. En 1900, llevar una persona a otro lugar era un prodigio de ingeniería; en 2026, hacer que su voz, su imagen y sus ideas lleguen al otro extremo del planeta es un gesto tan rutinario que lo usamos para mandar una fotografía desenfocada del desayuno.
Hoy domingo escribo esto desde mi casa, y mañana Jose Luis lo estará leyendo desde su móvil pensando si publicarme o no. Al final me quedo con una reflexión: Nos prometieron máquinas para mover el mundo. Y hemos acabado inventando máquinas para no tener que movernos nosotros.
Jose Ignacio Martín Gandul
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