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El último honor a nuestro vecino Iván: Alcalá se funde en un abrazo de dolor, orgullo y exigencia de justicia

Hay días en los que el silencio de nuestras calles pesa más que cualquier palabra.

 

El último honor a nuestro vecino Iván: Alcalá se funde en un abrazo de dolor, orgullo y exigencia de justicia

 

Hay días en los que el silencio de nuestras calles pesa más que cualquier palabra. Ayer por la mañana, la iglesia de San Sebastián era el templo de nuestro dolor colectivo. Alcalá de Guadaíra despidió a uno de los nuestros, a nuestro vecino Iván Romano Ramos, en una ceremonia impregnada de esa emoción contenida, callada y profundamente humana que solo se siente cuando se marcha alguien querido por todos. A sus 42 años, la vida de Iván se apaga trágicamente, pero su recuerdo queda grabado a fuego en el corazón de nuestra ciudad.
Un momento muy sobrecogedor de la mañana lo vivimos cuando sus compañeros de la Policía Nacional le rindieron honores a las puertas de San Sebastián. Con la cabeza alta y la mirada rota por la pena, sus hermanos de uniforme le dedicaron ese solemne saludo y esa profunda señal de respeto con la que despidieron no solo a un agente ejemplar y entregado a proteger a los demás, sino a uno de los suyos. En ese gesto impecable y en el silencio apesadumbrado que encogió la nave del templo, Alcalá rindió tributo a la labor a menudo callada, valiente y generosa de todos nuestros servidores públicos, representados ayer en la figura intachable de Iván.
Es injusto, absurdamente doloroso, que a ese pequeño le hayan arrebatado el abrazo y la sonrisa de su padre. Desde estas páginas, que son la voz de todos los alcalareños, queremos enviar nuestro abrazo más cálido, sincero y firme a su mujer, a su hijo, a sus padres, a su familia y a cada uno de sus compañeros. No existen fórmulas ni palabras capaces de reparar una quiebra tan profunda, pero sabed que vuestro pueblo no os va a soltar la mano. Vuestro dolor es nuestro dolor, porque Iván era de los nuestros.
Pero el respeto y el cariño a la memoria de nuestro vecino nos exigen también no mirar hacia otro lado. Lo que ocurrió en ese maldito convoy es una tragedia inaceptable que nos llena de indignación. Ningún ciudadano, ningún servidor público que coge un transporte que se nos promete seguro, debería pagar con su vida por culpa de un sistema que vuelve a fallar por segunda vez en menos de un año. No caben las palabras vacías ni los parches burocráticos cuando hay familias destrozadas en nuestro municipio. Alcalá exige respuestas, transparencia absoluta y la depuración inflexible de responsabilidades a todos los niveles. Esto jamás tendría que haber pasado.
Iván se nos ha ido demasiado pronto, pero su huella en Alcalá de Guadaíra es imborrable. Nos queda el consuelo de haber compartido pueblo con un hombre bueno, con un esposo y padre devoto, con un policía de vocación impecable.
Descansa en paz Iván. A su familia y compañeros, todo nuestro amor, nuestra fuerza y el orgullo eterno de toda Alcalá de Guadaíra.

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