…que veinte años no es nada, ¡qué febril la mirada!
Desde que tengo uso de Alcalá, sólo veo cosas importantes abandonadas durante veinte años.

…que veinte años no es nada, ¡qué febril la mirada!
Desde que tengo uso de Alcalá, sólo veo cosas importantes abandonadas durante veinte años.
A veces, la denuncia hace efecto. Recuerden un video mío cuando la carretera de Alcalá/Dos Hermanas estaba en obras y se llevó 15 años en reformas. Todo por un quítame allá una expropiación, soterramientos de cableado y promesas de pagar justiprecios. Al final, se consiguió, gracias a la denuncia por parte nuestra y a la inestimable ayuda de uno de los responsables que nos instó a dar por culo… y si nos instan, nos arrancamos.
Sí, aquello funcionó, desafortunadamente hay otras cosas que no terminan de avanzar, por mucho que la prensa libre insista. Porque, verán, somos prensa, no la Virgen del Águila; si quieren milagros, pídanlos a ella, que para eso es Alcaldesa Perpetua.
También recordemos el cementerio de amianto que adornaba las vistas del castillo de la Marchenilla. Gracias a José Luís Roldán y un dron, vimos la magnitud de más de veinte años de amianto cancerígeno olvidado por todos, vecinos incluidos. Sí, no me miren así; yo tampoco escuché protestas por más de dos décadas.
Más cosas con veinte años de abandono: La Casa Ibarra, de la que no nos olvidamos, el edificio junto al Museo de la Ciudad en el Parque Centro, antigua comisaría de la Policía Nacional, años acumulando jaramagos mientras se planeaba anexarlo al Museo, sin que nada avanzara.
El Metro, que empezó en pesetas, y ya va por quinientos millones de euros. El mercado de abastos, proyecto de casino y dejado a su suerte, y el antiguo mercado, del que hemos sacado unos aparcamientos, la casa de la Juventud sigue en proyecto… veinte años.
Y llegamos a los juzgados. Recuerdo entrar un día para hacer algo de unos papeles y, al día siguiente, empezaron a apuntalarlo… hace veinte años. No había presupuesto, llegó la crisis, cambiamos de alcalde, no se llegaba a acuerdo entre Justicia y Ayuntamiento sobre dónde ubicar los Juzgados, cambiamos de presidente del Gobierno y de la Junta… y al final, de aquella Ciudad de la Justicia prometida, hemos llegado a la esquinita de Justo, donde aparcarás sólo rezando dos padres nuestros y tres avemarías.
Seguro que hay más cosas con veinte años de abandono, pero ahora no me acuerdo. Eso sí: fotos que no falten. Para los políticos, lo del barro ya está superadísimo.
Fernando Viera




