¿Es la Sanidad?, que se ponga.
Aunque la campaña andaluza haya quedado eclipsada, mediáticamente, por las ratas de un barco en Tenerife, y por otras ratas de dos patas en el “caso Mascarillas”, lo cierto es que hay que votar el próximo día 17 de mayo.

¿Es la Sanidad?, que se ponga.
Aunque la campaña andaluza haya quedado eclipsada, mediáticamente, por las ratas de un barco en Tenerife, y por otras ratas de dos patas en el “caso Mascarillas”, lo cierto es que hay que votar el próximo día 17 de mayo.
Y no es cosa sencilla: sobre la mesa están cuatro o cinco escaños que pueden caer en las manos de Gavira (VOX) o de la mano de Bonilla (PP), y eso significa la mayoría absoluta o la integración de los seguidores de la Doctrina Abascal en las instituciones democráticas.
La doctrina Abascal es una especie de apartheid a la española donde moros, hispanoamericanos y negros no tienen cabida, aunque sean españoles con carta de naturaleza, es decir, nacidos en España; ya me hallo buscando asilo en el Alentejo, yo que soy descendiente de piratas, gitanos y portugueses.
El resto de formaciones no cuentan: ni el PSOE roto de Montero, ni las izquierdas enfadadas entre sí de Por Andalucía y Adelante Andalucía, que se pisan colores, formatos, siglas y logotipos, quizás para despistar.
Otros que no cuentan son los andalucistas: Rivas protagoniza el canto del cisne de una formación que ni fu ni fa, ansío con efusión el siguiente paso, que será el de dimitir de todos los cargos institucionales y hacerse a un lado, después de destruir el andalucismo.
(Después de escribir lo de Rivas he pensado si dejarlo o no, luego me he reído, y luego me he dicho: “¡Qué cojones!”)
Hay dos problemas que afronta la región y que son la clave de la “Andalucía del Bienestar”. Se puede empezar a hablar de una cierta estabilidad en el empleo, a la que ha contribuido una buena relación y buen entendimiento entre el gobierno de Bonilla y los sindicatos mayoritarios; siempre quedarán cosas por hacer, pero son fruto de la “lucha de clases” y de la relación asimétrica entre los trabajadores y la patronal, arbitrados por los Poderes del Estado.
Los problemas más graves son otros: por un lado, la vivienda, un alzamiento de precios que pretenden parchear haciendo responsables a los dueños de pisos, cuando es obligación del Estado la construcción de viviendas. En Alcalá de Guadaíra hemos visto la promesa de construcción de 2000 viviendas, cuando en toda España se han construido solo 1700 viviendas de protección oficial, con unos precios imposibles para una persona que quiera afrontar un proyecto de vida.
El Estado propone como solución la ocupación: mirar para otro lado y que sean los dueños de las viviendas quienes corran con los gastos; de momento, todo son promesas, no hay vivienda asequible a la vista y los precios seguirán subiendo.
El otro grave problema es la sanidad, que viene siendo desmantelada desde la última década de los tiempos de Manolo Chaves; la guinda se puso en la pandemia, y la cosa va a peor aún con el aumento de presupuestos.
La sombra de los cribados, aun asumiendo el error, cosa extraña en los políticos españoles, ha dejado de seguir a Juanma Moreno y, debido a eso, se producen extrañas llamadas entre la población de 70 a 90 años, haciéndose pasar por la Seguridad Social, y avisando de que tiene una cita en el hospital, pero que pronto se van a quedar sin médico porque el Partido Popular lo va a privatizar todo.
¿Suplantación de identidad?
Es el último absurdo de la campaña de la señora Montero, quien ya no llena ni los salones de cumpleaños, abandonada por los suyos en una campaña que dan por perdida y de la que no quieren oír ni hablar.
Fernando Viera.



