Opinión

Lo que une el Mundial que no lo separe el independentismo

Cada cuatro años asistimos al mayor evento de unidad y fraternidad que ha conocido el pueblo español en lo que va de siglo

 

Lo que une el Mundial que no lo separe el independentismo

 

Cada cuatro años asistimos al mayor evento de unidad y fraternidad que ha conocido el pueblo español en lo que va de siglo, cuando suena el himno y la Selección Española salta al terreno de juego en un Mundial, España vive uno de sus momentos de mayor unidad nacional. Banderas de nuestro país decoran los balcones, plazas llenas de aficionados de todos los rincones del país, cánticos compartidos y una emoción colectiva que trasciende rivalidades clubísticas, ideológicas o territoriales. El fútbol, y especialmente los éxitos de “La Roja”, actúa como un poderoso aglutinante que revela el patriotismo latente de los españoles. Sin embargo, una vez que termina el torneo, esa unidad se diluye con demasiada frecuencia, y las fuerzas centrífugas particularmente los partidos y movimientos independentistas vuelven a promover el distanciamiento y la fragmentación de la nación.
La victoria en el Mundial de Sudáfrica 2010 sigue siendo el ejemplo paradigmático. Millones de españoles, independientemente de su origen regional, salieron a las calles a celebrar bajo una misma bandera. En Cataluña, el País Vasco o cualquier otra comunidad, la Selección fue respaldada con entusiasmo. En 2022 y ahora en el contexto del Mundial 2026, se repite el fenómeno los himnos como “Once Corazones” o las coincidencias con 2010 avivan el sueño colectivo de una España campeona. Durante esas semanas, las diferencias se difuminan, desaparecen. No hay “Cataluña independiente” ni “Euskadi libre” en las celebraciones solo hay una grande y victoriosa España.
Este patriotismo deportivo no es artificial. Refleja una identidad nacional profunda, forjada a lo largo de siglos de historia compartida, logros culturales y deportivos comunes. La Selección representa a toda la nación los jugadores nacidos en diferentes autonomías que compiten juntos bajo la misma bandera, los mismos cánticos y el mismo himno, logran éxitos que nos llenan de orgullo a todos los españoles.
Lamentablemente, esta unidad es efímera. Terminada la competición, los partidos independentistas (principalmente en Cataluña, pero también en otras regiones) retoman su labor de erosión sistemática del sentimiento de pertenencia común. Promueven narrativas que contraponen identidades regionales exclusivas frente a la identidad española, cuestionan los símbolos nacionales, minimizan los logros compartidos y fomentan el distanciamiento emocional y político entre españoles.
Esta estrategia no solo divide también debilita. Al rechazar la nación española como marco de convivencia, se socava la cohesión social necesaria para afrontar desafíos comunes (económicos, demográficos, de seguridad). El independentismo convierte lo que debería ser un orgullo compartido en un campo de batalla identitario, donde la bandera de España se presenta como algo ajeno o incluso hostil en determinados territorios. Así, lo que une el Mundial, el sentimiento de “una sola nación latiendo” es sistemáticamente separado por discursos que priorizan la fractura sobre la fraternidad.

El patriotismo no es un sentimiento pasajero de victoria deportiva, sino una actitud cívica permanente. Es la conciencia de pertenecer a una gran Nación con historia, cultura y futuro comunes, es la sensación de formar parte de algo inmensurable, cuando juega la selección todos nos sentimos hermanados ese sentimiento habita dentro de nosotros, está en nuestra mano dejarlo florecer el resto del año. Los éxitos de la Selección nos demuestran que los españoles somos más fuertes y felices cuando nos unimos bajo los mismos símbolos y objetivos.
Es hora de que este patriotismo deportivo se traduzca en patriotismo cívico cotidiano. Los partidos independentistas deben entender que su proyecto de separación no solo es inviable económica y políticamente, sino que contradice el sentimiento mayoritario de los españoles que, una y otra vez, se reúnen bajo la rojigualda cuando juega España, nos mostramos orgullosos de lucir nuestra bandera, de cantar nuestro himno, de recordar nuestra historia, debemos de dar el paso y dejar que el sentimiento patriótico inunde nuestras calles todos los días, un pueblo unido jamás será vencido.
La Nación no se construye solo en los momentos de euforia mundialista, sino en el día a día defendiendo la unidad territorial, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la transmisión de una historia compartida frente a quienes promueven la división, corresponde a la sociedad civil y a las instituciones reivindicar con naturalidad el orgullo de ser españoles.
Mantengamos viva esa llama de unidad más allá de los 90 minutos. España es una sola Nación, y su defensa es tarea de todos los españoles de buena voluntad.
¡VIVA ESPAÑA!

Ricardo Sánchez Puentenueva

Ricardo Sánchez Puentenueva
Ricardo Sánchez Puentenueva

 

 

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