EL TOLDO MÁS CARO DEL MUNDO: EL SANTO SUDARIO MUNICIPAL
En nuestro pueblo hemos decidido que pasar calor es cosa de pobres. El Ayuntamiento ha instalado 150 metros cuadrados de toldos por un importe de 293.729,67 euros.

EL TOLDO MÁS CARO DEL MUNDO: EL SANTO SUDARIO MUNICIPAL
En nuestro pueblo hemos decidido que pasar calor es cosa de pobres. El Ayuntamiento ha instalado 150 metros cuadrados de toldos por un importe de 293.729,67 euros.
Si utilizamos la calculadora del móvil, podemos realizar una complejísima operación matemática al alcance únicamente de ingenieros, interventores y niños de quinto de Primaria:293.729,67 € ÷ 150 m² = 1.958,20 euros por metro cuadrado.
Sí, han leído bien. Mil novecientos cincuenta y ocho euros con veinte céntimos por cada metro cuadrado de sombra. Naturalmente, semejante cifra despertó nuestra curiosidad científica. ¿De qué material están hechos esos toldos? Porque lona, lo que tradicionalmente se entiende por lona, empieza a parecernos una explicación demasiado sencilla. Así que hemos acudido al fascinante mundo de los tejidos más exclusivos del planeta. Y aquí comienzan los problemas.
Existe, por ejemplo, el algodón egipcio Giza 45, cultivado en una pequeñísima zona del delta del Nilo, cosechado manualmente y utilizado en camisería de altísima gama. Según un estudio sobre textiles de lujo, puede alcanzar unos 266 euros por metro cuadrado. Bonito. Pero claramente insuficiente para nuestros toldos.
Probemos algo más exclusivo. Podríamos utilizar Qiviut, la extraordinaria fibra del buey almizclero del Ártico, preparada para soportar temperaturas de cuarenta grados bajo cero. Su precio puede alcanzar unos 583 euros por metro cuadrado. Tampoco. Además, nuestros toldos no tienen que protegernos del invierno de Groenlandia. Solamente del sol de agosto.
Subamos el nivel. Está el Cervelt, obtenido del finísimo plumón invernal del ciervo rojo de Nueva Zelanda. Cada animal produce apenas unos gramos aprovechables al año. Una extravagancia textil reservada a mercados de lujo. Y, aun así, el informe lo sitúa alrededor de 1.093 a 1.312 euros por metro cuadrado. Nuestro toldo sigue mirando al Cervelt desde arriba.
Llegamos entonces a la seda de loto. Aquí ya hablamos en serio. Para fabricar un solo metro de este tejido pueden necesitarse aproximadamente 32.000 tallos de loto, con extracción manual de diminutos filamentos que deben hilarse antes de que pierdan su humedad. Su precio equivalente puede llegar hasta unos 1.666 euros por metro cuadrado. Miles de tallos, artesanía ancestral, meses de trabajo: Nada, todavía no alcanza el metro cuadrado de sombra de nuestro pueblo.
Quizá estamos buscando en el lugar equivocado. Necesitamos lujo de verdad. La Muselina de Dhaka, legendario tejido bengalí cuya técnica prácticamente desapareció durante más de un siglo y que ha tenido que ser reconstruida mediante investigación botánica y recuperación de técnicas artesanales, puede alcanzar unos 1.581 euros por metro cuadrado. Ni por esas.
Finalmente llegamos a Scabal Summit Super 250s, una de las cumbres de la ingeniería textil tradicional mundial .Un tejido extraordinariamente fino, elaborado con lanas Merino de una calidad casi absurda, cuyo precio ronda los 1.733 euros por metro cuadrado. Y aquí ocurre algo maravilloso :nuestro metro cuadrado municipal sigue compitiendo en esa liga.
Conviene hacer una aclaración antes de que alguien descorche el champán en el Ayuntamiento: todavía existen tejidos que pueden superarnos. El Shahtoosh, procedente del antílope tibetano y cuyo comercio es ilegal, aparece en el informe con cifras todavía mayores. Por tanto, aún no podemos proclamar oficialmente que tenemos el tejido más caro de la Tierra. Para superar al contrabando internacional de Shahtoosh todavía habrá que esperar al próximo presupuesto municipal. Todo se andará……
Pero después de comparar nuestros humildes toldos con algodón egipcio cosechado a mano, plumón ártico, seda de loto, tejidos desaparecidos durante siglos, lana ultrafina, solo quedan dos explicaciones posibles.
La primera: que los 293.729,67 euros no correspondan solamente a la lona, sino al conjunto del proyecto —estructuras, soportes, instalación, obra, impuestos y demás conceptos—. Pero eso queda descartado: cuando se remodeló este tramo de la calle, se realizó una preinstalación para colocar mástiles de 9 metros de altura que soportaran los toldos de forma que no fuese necesario su anclaje a las fachadas. Esta infraestructura, financiada con fondos europeos, se publicitó por el Ayuntamiento a través de diversos medios. Consiste en 26 arquetas con cimentaciones que se encuentran distribuidas a lo largo del tramo realizado. En el mismo proyecto, incluía una partida para tapas de fundición en dos piezas para cuando los postes estuviesen instalados. A día de hoy, ante el requerimiento de los vecinos, el Ayuntamiento no ha dado explicaciones de dónde se encuentran dichas tapas. Pero la infraestructura, se hizo y se pagó, distinto es que se haya desaparecido como cuando fueron a buscar a Jesús al Santo Sepulcro y resulta que allí no estaba.
La segunda explicación es mucho más interesante. Que esos toldos no sean solo toldos. Quizá algún arqueólogo municipal encontró recientemente un fragmento desconocido del Santo Sudario y, en lugar de enviarlo a Turín para su estudio, alguien decidió trocearlo prudentemente y colocarlo sobre nuestras calles .Eso explicaría el precio. Y también abriría posibilidades extraordinarias para el municipio.
Si verdaderamente estamos ante una tela de semejantes propiedades, proponemos que el Ayuntamiento publique inmediatamente el manual de instrucciones. Porque quizá ponerse debajo del toldo no solo quite el calor. Quizá cure el lumbago. Quizá rejuvenezca. Quizá multiplique los panes y los peces. Y, teniendo en cuenta el precio por metro cuadrado, no descartamos que envolviéndose completamente en uno de ellos durante tres días se pueda incluso resucitar.
En ese caso retiramos todas nuestras críticas .Es más: 293.729,67 euros nos parecerían una auténtica ganga .Lo único que pediríamos es que no los desmonten al terminar el verano .Porque un toldo que da sombra está bien. Pero un toldo que resucita puede convertir el pueblo en destino internacional de peregrinación. Y ahí, por fin, quizá consigamos amortizarlo. Además de tener un Turismo Real, uno que no solo pasea por el parque Oromana y solo deja en el pueblo el papel albal que envuelve el bocadillo que trae de su casa.
José Ignacio Martín Gandul
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