El Evangelio según Alcalá
Si San Mateo pudiera hablar, tendría más historias de Alcalá que cualquiera de nosotros.

El Evangelio según Alcalá
Si San Mateo pudiera hablar, tendría más historias de Alcalá que cualquiera de nosotros.
Lleva siglos viéndonos pasar.
Ha visto cambiar las calles, crecer barrios, desaparecer oficios, llegar nuevas generaciones y marcharse otras.
San Mateo ha conocido muchas Alcalás.
Ha conocido la Alcalá de los pintores, la que descubrió que nuestra luz tenía colores que merecían quedarse para siempre sobre un lienzo.
Ha conocido la Alcalá de los panaderos, la que comienza a trabajar mientras todavía dormimos, cuando las primeras hornadas empiezan a perfumar una ciudad que aún no ha abierto los ojos.
Ha conocido la Alcalá de los escritores, la de quienes encontraron palabras para contar nuestras calles, nuestros personajes, nuestras alegrías y también aquello que a veces cuesta nombrar.
Y conoce, por supuesto, la Alcalá de la fe. La que enciende una vela sin necesidad de explicar por qué.
Desde hace siglos, cada 21 de septiembre su nombre vuelve a encontrarse con el de Alcalá.
En sus manos, un Evangelio muy particular, sus páginas parecen hechas de harina, de pinceladas, incluso parece oler a pino.
Ahí guarda las historias menos visibles: la del comerciante que levanta cada mañana su persiana, la de quien cruza el pueblo deprisa porque llega tarde al trabajo, la de niños que llenan las plazas con sus juegos, la de los mayores que aún llaman a ciertos lugares por nombres que casi nadie recuerda y la de quien, aunque vive lejos sigue diciendo con orgullo soy de Alcalá.
También habrá páginas difíciles, porque ninguna ciudad se escribe solamente con días felices, habrá nombres que ya no están, casas donde falta alguien, promesas que costaron lágrimas y recuerdos que todavía aprietan por dentro cuando regresan.
Y habrá páginas nuevas. Las de quienes acaban de llegar, las de los niños que hoy descubren Alcalá por primera vez, quienes dentro de muchos años explicarán cómo era esta ciudad mientras nosotros la estábamos viviendo sin darnos cuenta.
Por eso, habrá muchas maneras de mirar a San Mateo.
Algunos lo harán desde la fe, otros desde la tradición, quien recuerde a sus padres o a sus abuelos al verlo pasar, y habrá también quien simplemente se cruce con él camino de cualquier parte.
Ninguna de esas miradas sobra.
Porque una ciudad no necesita que todos sintamos lo mismo para reconocernos formando parte de ella.
San Mateo vuelve a recorrer Alcalá y, durante unas horas, camina con él muchas ciudades al mismo tiempo.
La Alcalá de los pintores, la de los panaderos, la de los escritores, la del albero, los pinares y el Guadaíra.
Caminarán con él todas esas Alcalás que hemos sido y seguimos siendo.
Su Evangelio tendrá una página más.
La del pequeño milagro que ocurre cada 21 de septiembre donde todos creemos ver pasar a San Mateo, cuando en realidad es Alcalá la que pasa delante de nuestros ojos.
Ismael Portillo Caraballo
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